Historias detrás de las pancartas: Coral y Victoria

Testimonios de jovencitas que han sufrido la desaparición de sus padres y por ello se unieron a la Caravana por la Paz
W Radio | Septiembre 4 de 2012
Por Rosario Carmona, Enviada Especial

Chicago, Illinois.-
Mi padre es maestro de primaria, hace 8 meses secuestraron a mi mamá.

Desde pequeña mi mamá me enseñó a no vivir con violencia, toda su vida se dedicó a la defensa de los bosques.

Hace 8 meses ella desapareció, la bajaron de un camión junto con Marcial Bautista su amigo.

Yo soy Coral, soy hija única y no sé qué hacer.

Coral cuenta su historia en un salón de la Universidad Roossevelt.

Pocos estudiantes la escuchan, hay algunos profesores y periodistas que se dejan conmover.

Lo más triste es que mi padre se muere de tristeza y me deja a mi sola, dice.

Lo que quiero que entiendan es que mi país es un medio para traerle las drogas a Estados Unidos y nosotros pagamos la tenencia de esa droga que me ha arrebatado a mi madre y que tiene a muchas madres buscando a sus hijas, que ha dejado a muchas viudas.
Casi no me gusta hablar porque cada vez que lo hago es como revivir ese infierno en el que vivo.

Con una voz que parece quebrarse, Coral continúa, ese relato que duele tanto como la primera vez.
No saben lo que se siente, saber que estás solo.

Yo he pensado muchas veces si puedo perdonar a las personas que me cortaron las alas y en la Caravana me han enseñado que ellos también son seres humanos, que ellos también tienen una historia detrás.

Espero que ustedes me entiendan y entiendan los motivos de la Caravana por la Paz.
Todas las víctimas hemos transformado ese dolor para levantarnos y venir a contarles lo que estamos viviendo.
Es difícil cómo un ser humano se puede acostumbrar a vivir en un entorno lleno de violencia. A veces a mí, se me hace increíble que vas por la calle y matan una persona.

Yo me pongo a pensar cuando una madre dice: “me mataron a mi hijo” y otra le contesta: “tienes que estar contenta porque te dejaron una cabeza, tienes un brazo, al menos te dejaron un dedo…”

Pero eso no es justo, no es humano.

VICTORIA
Yo soy Victoria. Él es Marcial, mi papá.
Muestra esa foto que la ha acompañado en el recorrido y a la que se aferra con una mezcla de coraje y dolor.

“Junto con Eva, los bajaron de un camión, era defensor de derechos humanos”.

Y así, reconstruye la escena.

Había 5 camionetas, sube un hombre al camión y pregunta su nombre, le preguntan quién lo acompañaba, Eva se levanta.
Los bajan con violencia y desde ese día no los hemos vuelto a ver.

Nuestro trabajado, porque somos de una organización de campesinos ecologista de Guerrero, provocó que mi papá, Eva y otros miembros recibieran amenazas del crimen.

Mucha gente fue desplazada.

El motivo de las amenazas y de la desaparición no puede ser otro, admite: ellos hacían denuncias contra el grupo del crimen que afectaba la zona.

Cuenta cómo las familias eran atacadas y la defensa parecía imposible.

Con palos y piedras no podíamos defendernos ante los cuernos de chivo.

Los hijos de los campesinos querían estudiar y regresar a la Sierra a trabajar. Querían hacer comunidades sustentables y esos sueños están rotos hasta ahorita porque la delincuencia nos los ha quitado.

A nuestros padres se los llevaron porque hicieron denuncias.

Muchos líderes son eliminados para que no sigan levantando la voz, para que no hagan, ni digan nada.

Hasta la fecha no sabemos nada de ellos. Mi madre y mis 6 hermanos sufren porque no sabemos qué hacer.

Mi padre era el único que sabía de todo, de las amenazas, de los riesgos.

Todo ahora es muy incierto, no sé si sacar a mi familia de la Sierra, no sé qué hacer.

Nosotros no vamos a parar con el trabajo que ellos iniciaron, no vamos a dejar el trabajo de las comunidades porque no es justo que por la delincuencia ellos hayan dejado su trabajo, sus tierras.

Esta guerra contra las drogas, la delincuencia organizada, está dejando muchos muertos, muchas familias desplazadas.

Como hija me siento impotente porque la delincuencia es como un monstruo que no sólo nos va a afectar a nosotros, les va a afectar a ustedes en Estados Unidos.

Si juntos pudiéramos trabajar seríamos más y podríamos resolver el problema.

Y mientras esa foto muestra a los padres de Coral y Victoria, ellas caminan por las calles de Chicago, contando su historia y confiando en que un día regresarán.
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